Contagiemos el virus de la amabilidad

Se define a una persona amable como aquélla que por su actitud afable, complaciente y afectuosa es digna de ser amada. ¿Te sientes digno/a de ser amado/a? ¡Demuéstralo! Ama también a los demás y sé amable con ellos. Ganarás en felicidad, tranquilidad e, incluso, en salud. ¡Haz la prueba! Durante todo un día, relaciónate con las personas que te rodean a través de gestos amables, cariñosos, sonríe y utiliza un tono de voz suave y alegre. Te convertirás en un imán para los sentimientos positivos. Las personas que hablen contigo sonreirán empáticamente cuando tú lo hagas y, si continúan con la cadena de amabilidad, se creará un efecto dominó muy contagioso.

La amabilidad es una fuente inagotable de placer de la que cuesta dejar de beber una vez que has empezado. Nos sentimos bien cuando somos amables y hacemos sentir bien a los demás, que perciben una imagen de nosotros mismos mucho más atractiva en todos los sentidos. Nos proporciona confianza y seguridad y nos anima no sólo a ayudar a los otros, sino a hacerlo de forma más creativa. ¡Derrocha amabilidad! Cuanta más des, más tendrás. Conviértela en tu forma de vida. No la reserves únicamente para las ocasiones especiales, siempre es un buen momento para ser amable. Si las cosas van bien, tienes un motivo para serlo; si van mal, ser amable te ayudará a enfocar los problemas desde un nuevo punto de vista, más positivo.

Lista de precios amables

La psicóloga de la Universidad de California Sonja Lyubomirsky afirma, tras diversos estudios, que los actos amables crean en nuestra vida cotidiana un mayor sentimiento de felicidad. ¿No queremos todos/as sentirnos así? Parte del secreto está en nuestra mano, depende de nosotros. Debemos decidir si nos dejamos llevar por la angustia que genera la incertidumbre de la situación actual o si, a pesar de ello, afrontamos el día con algunas dosis de simpatía (aquéllas de las que cada uno/a sea capaz). Los problemas no desaparecerán por arte de magia, pero nuestra perspectiva será diferente y nuestro estado de ánimo, más propicio para superarlos. Incluso vayamos más allá y hagamos una inversión de futuro en un valor seguro: los niños. Eduquémosles en la amabilidad y la generosidad, para que estos sentimientos se traduzcan en actos de su vida cotidiana y se conviertan en personas felices, capaces de hacer felices también a los demás. ¿Qué mejor legado podemos dejar?

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2 pensamientos en “Contagiemos el virus de la amabilidad

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