Liberar la tensión

Nuestro ritmo de vida acelerado, las preocupaciones en un momento difícil como el actual, los problemas derivados de la crisis, el exceso de trabajo o la falta de él, una ruptura emocional, una decepción… Pueden ser muchas las causas de que, día a día, vayamos acumulando tensión en nuestro organismo. Las tensiones son como las hormiguitas; trabajan poco a poco, sin que casi lo notes, pero sin perder el ritmo y, de repente un día, ¡zas! una lumbalgia, una tortícolis, una contractura, etc. La cuestión es que no ha sido de repente. La tensión, como el estrés, la ansiedad, la angustia, etc., va haciendo mella en nuestro cuerpo de forma progresiva y, si no le ponemos remedio a tiempo, puede acarrear lesiones degenerativas que tendrán una difícil solución. Más aún, debemos anticiparnos a la aparición de síntomas de tensión y aplicar pequeñas soluciones cotidianas que nos reportarán grandes beneficios a corto, medio y largo plazo.

¿Cuál es tu método?
Existen muchas maneras de prevenir y liberar la tensión. Algunas son universales y otras dependen de la personalidad o el estado de ánimo de cada persona. Todos somos diferentes y lo que es positivo para alguien puede ser indiferente e incluso negativo para otro; así que lo mejor es que cada uno encuentre el truco que mejor le funciona. No obstante, como decíamos, existen algunas formas de liberar la tensión que son universales y, adaptándolas a nuestro día a día, nos pueden funcionar a todos:

  • Haz ejercicio. En la medida que puedas, haz un poco de ejercicio cada día. Reorganiza tus tareas para hacerle un hueco en tu agenda. Elige la hora del día que te vaya mejor; puede ser a primera hora, antes de empezar, o a última, al finalizar el día. Sé constante, pero flexible; no pretendas que todos los días te dé tiempo de hacer una maratón, a veces, diez minutos de estiramientos son suficientes para mantenernos en forma, si en el cómputo total de la semana hemos cumplido con un nivel de ejercicio que estimule a nuestro organismo y le obligue a trabajar.
  • Escribe. ¿No hay momentos en los que romperías a gritar? Todos acumulamos pensamientos de frustración a lo largo del día y no siempre podemos expresarlos. Sin embargo, reprimirlos tampoco es bueno. Una manera fácil y rápida de encontrar el equilibrio y poder liberar los pensamientos negativos es escribirlos. Estés donde estés, si dispones de papel y lápiz (hoy en día, incluso la App de notas de tu smartphone te serviría) y de un poco de tiempo, escribe cómo te sientes, cuál es el verdadero motivo de tu enfado (no siempre es el que creemos), cómo quieres sentirte y qué vas a hacer para conseguirlo. ¡Te sorprenderás del resultado!
  • Respira. Cuando algo te provoque una tensión inmediata, como un insulto, un rechazo, una imagen desagradable, una mala noticia inesperada, etc., no tendrás tiempo de anticiparte, pero sí puedes emplear un arma rápida para evitar que la acumulación de tensión continúe más allá de lo necesario. Respira. Tan sencillo y tan complejo al mismo tiempo. Respira. Pero no de cualquier manera. Concéntrate en tu respiración, llena tu organismo de oxígeno desde el tórax hasta el vientre y vuelve a vaciarlo lentamente. Durante unos minutos, intenta no pensar en nada que no sea el flujo de tu respiración. No es necesario que te pongas en modo meditación. Lo puedes hacer mientras sigues trabajando, escuchando e incluso hablando. Las personas somos más que capaces de hacer varias cosas a la vez, con la diferencia de que nuestra verdadera atención se centra en una de ellas y el resto orbita como planetas alrededor del Sol. En este caso, tu Sol debe ser tu respiración.
  • Corrige la postura. Algunas de las tensiones físicas que acaban resultando más molestas en nuestro quehacer cotidiano son provocadas por malas posturas y, por lo tanto, son fácilmente evitables. Tanto si trabajas sentado, como de pie, parado o en movimiento, asegúrate de que en todo momento mantienes la postura correcta; el cuello y los hombros relajados, la espalda recta, las lumbares libres de peso y las piernas sueltas para que circule bien la sangre. Al principio, te costará, tendemos a volver a los viejos hábitos, por malos que estos sean, pero sé constante y acabará siendo tu postura corporal natural.
  • Aliméntate bien. Una de las cosas más importantes para gozar de buena salud física y mental es mantener una buena alimentación e hidratación. Seguir una dieta equilibrada y rica en variedad y calidad, junto a la cantidad adecuada de agua, aportará salubridad a nuestra vida, nos hará sentirnos mejor y tener más energía para afrontar el día a día.
  • Distraete. Tan importante es mantener cierta disciplina como aprender a divertirse y distraerse. Piensa en algo que te encante hacer y para lo que nunca tienes tiempo. Inclúyelo también en tu agenda como si fuera una tarea más que no puedes eludir y dedícate a ello varios ratitos durante la semana. El efecto positivo que generará en ti será arrollador. Comparte ese momento con gente a la que quieres o aprovecha para dedicártelo a ti mismo/a. Quererse y cuidarse tiene unos increíbles efectos positivos sobre nuestra salud.
  • Evita ambientes negativos. Hoy más que nunca estamos rodeados de problemas, de circunstancias horrorosas, de situaciones desgarradoras. Las preocupaciones lo inundan todo y están en boca de todos. Nuestros temas de conversación se han vuelto tan oscuros como el panorama que nos pintan los mercados. Necesitamos un oasis. Un remanso paz. Un espacio (físico o no) en el que las conversaciones negativas destructivas no tengan lugar. ¿Significa esto que debamos huir de las personas que intentan compartir con nosotros su sufrimiento? ¡En absoluto! Pero pensemos en la ley del cuidador; si el cuidador no se cuida, no puede cuidar al otro. Si continuamente nos sometemos a la acción y efecto del dolor (ajeno o propio), llegará un momento en que estemos tan consumidos que no podamos ayudar ni a los otros ni a nosotros mismos. Evita, sobre todo, las conversaciones que no conducen a nada, que son una simple queja que, lejos de construir nada, destruye todo lo que encuentra. Indígnate, quéjate y critica, pero siempre de forma constructiva y positiva.

By Equipo de sietemusculosparasonreir

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2 pensamientos en “Liberar la tensión

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