Echa el freno… ¡y vive!

Existe un curioso efecto que cada vez se da con más frecuencia: el tiempo pasa tan rápido que llega a pararse. Vamos con prisas a todas partes, todo lo hacemos corriendo, estamos continuamente pendientes del reloj y, con el tiempo pisándonos siempre los talones, resulta que, al final del día, tenemos la sensación de que no hemos hecho nada, como si el tiempo se hubiera parado y nuestros días pasaran sin concretar ninguna de nuestras tareas. ¿Te ha pasado alguna vez? Tranquilo/a, no eres el/la único/a y tiene solución:

Disfruta del camino.
En algunas ocasiones, cuando emprendemos una misión, lo hacemos pensando únicamente en el resultado y, poco a poco, se apodera de nosotros la ansiedad de llegar a culminar la meta. No nos damos cuenta de que, por el camino, estamos dejando pasar muchas pequeñas metas que son las que, en realidad, nos darán la felicidad del éxito final. El camino que recorremos para llegar a un lugar es un lugar en si mismo. Aprendamos a disfrutarlo, a saborear las experiencias que vamos encontrando durante el proceso que nos conducirá a nuestro objetivo y que nos ayudará a vivirlo con mayor intensidad y madurez. En el transcurso del tiempo y del espacio que recorremos encontraremos la información necesaria para dar respuesta a muchos interrogantes. Por eso, debemos estar atentos a todo cuanto acontece a nuestro alrededor mientras nosotros caminamos hacia muestra meta. Hagamos del camino un objetivo.

No te sientes a esperar.
Sea lo que sea lo que quieres conseguir, no vendrá solo. No esperes a que la oportunidad llame a tu puerta. ¡Sal a buscarla! Detente un instante para pensar en qué momento de tu vida estás, qué quieres cambiar, qué quieres potenciar, qué quieres conseguir… y cómo vas a hacerlo. Visualiza el resultado y planea la acción. Sacúdete las telarañas de la inercia y de la queja y sal en busca de tu objetivo con un propósito claro y mucha energía. Por el camino, revisa tus prioridades y cambia aquellas estrategias que no estén funcionando. No te ciegues con una única manera de conseguir lo que te has propuesto. Prueba y prueba hasta encontrar tu método, aquél con el que te identificas y que realmente funciona. ¡Ponte en marcha!

Sé tu propio apoyo.
Una de las necesidades básicas del ser humano es la aprobación y el reconocimiento de los otros. Esto es así dada nuestra condición de seres sociales. Necesitamos organizarnos en familias y grupos de amigos y, como consecuencia, buscamos su valoración y, en ocasiones, basamos nuestro nivel de autoestima en la opinión que tienen de nosotros los que nos rodean. Como todo, en su justa medida es positivo agradar a los demás, pero no debemos olvidarnos de nosotros mismos. Nosotros debemos ser nuestra máxima prioridad. ¿Significa eso que debemos convertirnos en personas egoístas? ¡En absoluto! La clave, como en tantas otras cosas, está en el equilibrio, en encontrar el punto medio adecuado en el que nos dediquemos a los demás sin olvidarnos de nosotros mismos, dedicándonos también parte de nuestro tiempo, de nuestro esfuerzo y de nuestros recursos. Obtendrás una maravillosa recompensa: dejarás de necesitar la ayuda de los demás y te convertirás en tu mejor apoyo.

Tú eres tu límite.
Cuántas veces hemos dejado de intentar algo porque hemos dado por hecho que no seríamos capaces de conseguirlo. Cuántos sueños han quedado en el olvido por falta de confianza y de seguridad en uno/a mismo/a. En el logro de un objetivo, muchas más variables de las que imaginamos dependen únicamente de nosotros y en nuestra mano está el poder de utilizarlas a nuestro favor. Tengamos la fortaleza y el valor de decidir que nuestros límites están determinados por nuestra capacidad. ¿Cuánta capacidad hay en ti? Tú decides.

Suelta lastre.
Una expresión tan antigua como la propia práctica es “soltar lastre”. Aprender a soltar lastre, a deshacernos de todo aquello que no necesitamos, nos reportará una mayor sensación de libertad y nos ayudará a combatir el desgaste que, inevitablemente, vamos sufriendo con el paso del tiempo durante nuestra lucha diaria. Olvida todo lo que no te pertenezca, aquéllo con lo que no te sientas identificado/a, todo lo que resulte negativo y quédate sólo con lo fundamental. Te sentirás más ligero/a.

Equipo de sietemusculosparasonreir

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