Saturados de injusticias, por Jenny Moix

A veces, la vida te da un golpe que tumba hasta a los más optimistas y apaga hasta las sonrisas más fuertes y musculosas, pero, como se dice siempre, nada es eterno, así que después de reponerse del aturdimiento que te deja un golpe que no te esperas y de mucho tiempo de silencio, sietemusculosparasonreir vuelve renovado y con más energía que nunca, para seguir repartiendo sonrisas a troche y moche.Y para inaugurar este retorno, quiero compartir con vosotros/as este artículo de Jenny Moix, colaboradora habitual del semanario El País Semanal, que me ha gustado tanto como me ha hecho reflexionar. ¡Espero que os ocurra lo mismo!

Un día en el que un caso de corrupción ya cotidiano había saltado a los periódicos, durante una comida con una señora de 85 años, ésta dijo: “Cuando pienso en  las personas que no tienen nada y veo cómo algunos dirigentes estafan esas cantidades de dinero, entendería que alguna persona desesperada cometiera cualquier barbaridad”. En este mismo semanario, Rosa Montero confesaba que había llamado criminales a los parlamentarios contrarios a la ILP que pide la dación en pago en los desahucios. La ira de ambas es representativa del sentimiento de muchos ciudadanos.

Motivación y emoción

Motivación y emoción son dos conceptos que se solapan; la emoción supone una activación fisiológica que nos motiva a realizar una acción, permitiéndonos adaptarnos al medio.

Los desahucios, los sobres, la codicia… nos provocan una ira que nos empuja a luchar y a ayudarnos entre nosotros, pero son acciones impulsadas por una furia que quizá nos comerá a nosotros antes de que podamos cambiar algo.

Injusticias indigeribles

La vida no es justa, nunca lo ha sido, y sin embargo desgastamos la mente intentando entender las barbaridades que suceden a nuestro alrededor para digerirlas mejor, pero  sería más fácil si aprendiéramos a admitir que el mundo está lleno de injusticias y que algunas nos pueden tocar a nosotros. Cuando atravesamos épocas duras y vemos quién nos ayuda y quién no, nos solemos llevar auténticas sorpresas. Sin embargo, cuando ya sabes de qué palo va la persona que te ha decepcionado, pierde su capacidad de herirte. Sólo podemos avanzar si aceptamos la realidad tal cual es, si somos activos desde la aceptación.

Encajonar el resentimiento

Cada día se escuchan más historias sobre cómo la dura situación por la que están atravesando muchísimas personas se traduce en un auténtico infierno. Las emociones negativas se nos desparraman. No todos controlamos igual las emociones. Algunas personas son capaces de dejarles un espacio limitado, pero no las eliminan, sino que las reconocen, las sienten y las miran. Si observamos los sentimientos, estos se concretan.

El resentimiento es una de las emociones más amargas; observarla de cerca para comprobar su inutilidad nos puede ayudar a dejarla atrás. El rencor contra los demás solo sirve para devorarnos por dentro, pero los otros se quedan igual.

La vergüenza, la rabia y la indefensión que provocan las injusticias nos carga de energía contaminante. Si queremos cambiar el mundo, mejor que nos recarguemos con la energía que proviene de las pequeñas alegrías. Aunque ahora parecen estar muy escondidas, siguen ahí.

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