Actitudes ante la incertidumbre, por Miriam Subirana

Si algo tiene el otoño, es un clima incierto. En algunas comunidades, llueve a rabiar y ya han sacado las chaquetas y las botas de agua. En cambio, en otras, luce un sol espléndido, la temperatura es realmente cálida y los más valientes aún se bañan en el mar. Precisamente sobre la incertidumbre habla un artículo de Miriam Subirana que queremos compartir con vosotros. ¡Esperamos que os guste!Mantener objetivos y planificar cómo lograrlos es necesario para obtener lo que uno quiere. Sin embargo, no podemos responder ante las circunstancias ni ante lo que harán los demás. Cuando la situación aparece como un obstáculo en nuestro camino, aferrarnos a nuestro plan original produce tensión. Sin embargo, la nueva circunstancia quizá lo que pide es un cambio de rumbo, otra respuesta o saber esperar. Para lograrlo debemos recuperar la confianza en nuestros recursos internos.

Resistencia
Ante la incertidumbre, podemos batallar en contra, resignarnos o aceptarlo. Al luchar en contra, nos agotamos, nos desesperamos e incluso podemos llegar a deprimirnos.

Otra opción es vivir sometidos a la realidad de lo que ocurre. La resignación nos convierte en víctimas y en marionetas sin voluntad y en la sombra de las circunstancias y de las personas.

El modo más saludable de vivir la incertidumbre es aceptarla. Eso significa que reconocemos que quizá es duro, que ahora no existen respuestas o que quizá necesitamos ayuda. La aceptación nos permite vivir sin angustiarnos con la duda de no saber. Nos ayuda a esperar.

Cuando las situaciones no son como esperábamos, buscamos culpables fuera, y si adoptamos esa actitud les damos el mando de la situación y no recurrimos a nuestra capacidad interior para responder con más sabiduría. Para acceder a ella debemos saber esperar. La espera activa significa que se sostiene el vacío de no saber qué hacer, del cual puede surgir una tranquilidad que me permita ver las cosas con más calma y que la intuición hable.  Esperar otorga el espacio para encontrar la mejor respuesta a la pregunta más adecuada. En lugar de preguntar: “¿por qué es así?”, podríamos plantearnos preguntas más apreciativas: “¿para qué estoy viviendo esto?”.

Saber esperar
Si actuamos con la rigidez de que las cosas han de ser como habíamos previsto, empezamos a dar palos ciegos. Para conseguir salir del atolladero, necesitamos calmar la mente. Así surgirán ideas creativas y se aclararán las dudas. En ese paréntesis de espera podemos fortalecer la confianza, dejar que la vida fluya y mantener el cuidado de uno mismo.

Quizá es que debemos aprender a vivir siendo creadores de cambios constructivos que amplíen nuestros horizontes. Dar apertura a la capacidad de respuesta creativa y positiva, para lo cual es necesario equilibrar la acción con la introversión. Nuestra espera entonces es una espera en la que se mantiene viva la confianza y la llama de la esperanza.

Si vivimos la incertidumbre desde un espacio de confianza, nos permitimos asumir riesgos. Así iniciamos el camino hacia la soberanía personal. Liderando nuestra propia mente, emociones y mundo interior, evitando que la situación nos hunda, observando atentos y a la espera, venciendo la inseguridad, actuando con todo el potencial interior, con confianza en uno mismo y en los demás y con la intención de hacer lo mejor para todos.

 

Fuente: El País Semanal.

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